domingo, 31 de mayo de 2026

BACHILLERATO - ORIGEN Y EVOLUCIÓN DE LA NOTACIÓN MUSICAL

 



ORIGEN Y EVOLUCIÓN DE LA NOTACIÓN MUSICAL




La música es un tipo de arte que, a diferencia de las artes plásticas, no tiene volumen ni ocupa un espacio, sino que es etérea, está hecha con sonidos. El autor de la obra de arte, en este caso, necesita de un intermediario que haga volver a la vida a su obra cada vez, desde la partitura en la que la “escondió”. La música se crea a través de los sonidos, y éstos tienen que ser representados por escrito para poder interpretarlos después. El compositor crea su obra y refleja los sonidos en un papel, por medio de un código que el intérprete descifrará después para dar vida a esa obra musical.

Pues bien, ese “código” es lo que llamamos “lenguaje musical”. Realmente, es un lenguaje con una serie de símbolos de los que, al igual que ocurre con el lenguaje que utilizamos las personas para comunicarnos, una vez conocidos pueden ser utilizados por todos para transmitir, en este caso, melodías, ritmos, armonías,…

El lenguaje de la música comenzó a utilizarse hace muchos siglos.


La notación musical no fue un invento que se haya confeccionado de un día para otro, ni fue una sola persona quien tuvo esta interesante idea. La historia del desarrollo de este sistema de notación es fascinante. Para entender el proceso que nos ha llevado al sistema actual tenemos que remontarnos a los antiguos griegos. Generalmente se dice que el surgimiento de la notación musical fue entre los siglos VIII y IX. No obstante, hay varios hechos que demuestran que en la Grecia Antigua existió un sistema de notación musical. Los griegos desarrollaron una teoría musical muy avanzada, que llevaría a determinar cuestiones relacionadas con el ritmo, los intervalos y las escalas musicales.

Por lo que se refiere en concreto a la notación o escritura musical, Arístides Quintiliano (ca. siglo I d.C.), en su tratado Sobre la música, notifica un sistema de escritura de las notas musicales utilizando el alfabeto griego. Algunos vestigios arqueológicos de la época corroboran la utilización del alfabeto para representar las notas musicales. El vestigio más importante es el Epitafio de Seikilos, una piedra de mármol del siglo I d.C. que proviene de la región de Éfeso, en la actual Turquía. Este Epitafio contiene lo que parece ser un sistema de notación musical, ya que encima del texto hay letras del alfabeto que parecen representar notas musicales y algunas líneas y puntos que parecen indicar la duración de cada nota. Este sistema de notación musical representaría la altura y la duración del sonido, lo que hace posible tener una visión muy aproximada de la sonoridad de esa música tan antigua. En cambio, no se han encontrados “partituras” musicales de esa época. El motivo parece ser que la música de los antiguos griegos se basaba en estructuras sonoras y rítmicas preestablecidas, por lo que cada vez que un intérprete tocaba su instrumento lo hacía improvisando sobre esas estructuras dadas. En un sistema musical de este tipo no hace falta escribir la música para transmitirla de generación a generación. A partir de este hecho se cree que la notación musical solo estaba reservada para ciertas personas como los teóricos de la música o intelectuales, y por lo tanto, los músicos comunes la desconocían. Se podría decir, pues, que la notación musical en la Antigua Grecia se utilizaba para la teoría musical, no para la práctica.




                                        
Epitafio de Seikilos



El sistema de notación musical griego se perdió al pasar a la Edad Media. No se sabe cómo se transmitían las melodías del canto cristiano (conocido como canto gregoriano) sin un sistema de escritura. Siempre se ha supuesto que memorizaban los cantos, pero es difícil pensar que fueran capaces de saber de memoria tanta cantidad de cantos diferentes, algunos de los cuales interpretaban solo una vez al año. Las últimas investigaciones parecen defender que, al igual que los músicos de la Antigua Grecia, los cantantes medievales aprendían fórmulas de apertura, cierre y ornamento melódicos que iban improvisando y combinando según el carácter de la celebración religiosa. Con el paso de los siglos, las melodías de los cantos cristianos se fueron diversificando de tal manera que se cantaban cosas muy distintas de ciudad a ciudad.

Los primeros sistemas de notación musical de la Edad Media surgieron entre los siglos VIII y IX como consecuencia del intento de la Iglesia de Roma de estandarizar los cantos eclesiásticos, de tal manera que en todos los templos cristianos se cantaran las mismas melodías. Al principio se entrenaron a cantantes con buena memoria para que después viajaran a lo largo y ancho de Europa a transmitir con exactitud cada una de las melodías aprobadas por las autoridades religiosas. Pero al paso de algún tiempo se percataron que ese método no funcionaba como se quería, ya que era muy difícil memorizar tanta cantidad de cantos diferentes. Fue así como quizá surgieron los primeros signos que se escribieron encima de los textos para indicar la dirección de la melodía. Esos signos se llamaron neumas, y eran solamente una ayuda para la memoria del cantor, quien debía conocer previamente la melodía para poder entender dichos signos. La única información que proporcionaban los neumas era el número de notas que debía interpretarse por cada sílaba del texto y la dirección de la melodía (solo indicaban si era ascendente o descendente, pero no la altura exacta). A este tipo de notación primitiva se le conoce como notación neumática o adiastemática.





Ejemplo de notación neumática


Poco tiempo después surgió un adelanto de gran relevancia para la evolución de la notación musical, que consistió en ubicar cada neuma a distinta altura para indicar el intervalo exacto y la dirección melódica. A este sistema de escritura se le conoce como notación diastemática. Pronto se comenzaron a utilizar una o dos líneas horizontales que indicaban notas concretas, siendo este el antecedente inmediato de lo que siglos después sería el pentagrama. Con la invención de las líneas fue posible escribir con exactitud la altura de cada una de las notas musicales. Cada una de las líneas se dibujaba de un color diferente. Este sistema facilitó en gran manera el canto de los monjes, porque no tenían que memorizar, sino que podían “deducir” la melodía de la notación que veían en los códices.



Una vez solucionado el tema de la representación de la altura del sonido de forma escrita, solamente faltaba encontrar una manera de representar la duración del sonido para que el sistema de notación musical fuera más preciso. El proceso para llegar a un sistema efectivo de representación de la duración de los sonidos fue más largo, y duró varios siglos hasta llegar a nuestro sistema actual. Los primeros intentos coincidieron con el origen de la polifonía: el organum, en el que dos o más melodías se superponían a distancia de cuarta, quinta u octava. Al principio, todas las voces marchaban a la vez (el estilo llamado “nota contra nota”), pero poco a poco se quiso innovar, y dejaban una voz prácticamente quieta (notas largas) mientras que la otra interpretaba muchas notas, casi como si estuviera improvisando. Este estilo surgió en el siglo XII, y se le llamó “organum melismático”.





Organum melismático



A finales del siglo XII, en la Escuela de Notre Dame de París, se desarrollará un nuevo tipo de notación musical que cambiaría definitivamente el curso de la historia de la música. Por primera vez se inventa un sistema de notación que indica con exactitud la duración de las notas. Es un sistema limitado, puesto que se basa en seis modos rítmicos que se van combinando. Según la notación actual, sería equivalente a los esquemas siguientes:







Los seis modos rítmicos de la Escuela de Notre Dame se basaban en dos notas, la nota larga que se llamaba longa, y la nota corta que se le conocía como breve. De esta manera, los modos rítmicos fueron el resultado de combinar todas las posibilidades de longas y breves. A pesar de las limitaciones, estos patrones rítmicos abrieron infinidad de posibilidades polifónicas como nunca antes se había visto en la historia de la música. Ahora era posible componer e interpretar música con hasta cuatro voces independientes y simultáneas.

A medida que se fue haciendo más compleja la música del siglo XIII se hizo necesario ampliar el sistema de escritura rítmica. Fue así que surgió la notación franconiana, conocida con este nombre porque el teórico Franco de Colonia (ca. 1215-1270), en su tratado Arte de la música mensurable, explicó cómo funcionaba todo este nuevo sistema de escritura musical. En este sistema se asignaron valores individuales para medir diferentes tiempos de duración. Para ello se establecieron las siguientes cuatro figuras musicales:







El valor más largo lo tenía la dúplex longa y el valor más corto la semibreve. No obstante, también era posible realizar subdivisiones binarias y ternarias. Ello quiere decir, que por ejemplo, la breve se podía subdividir en dos o tres semibreves. Con estos avances rítmicos la música se fue independizando de la rigidez de los seis modos rítmicos.

Con la entrada del Ars Nova en el siglo XIV se ampliaron de nuevo las posibilidades rítmicas con un nuevo principio: la longa, la breve y la semibreve pueden dividirse cada una de ellas en dos o tres notas del valor consecutivo. Se le puso nombre a cada tipo de división:



* Modo: división de la longa.


* Tiempo: división de la breve.


* Prolación: división de la semibreve.






Además, se inventaron dos nuevas figuras rítmicas, ambas más pequeñas que el valor de una semibreve:







También se establecieron los primeros indicadores de compás:








Al pasar a los siglos XV y XVI, en pleno Renacimiento, se siguieron usando muchos elementos de la notación del Ars Nova. Sin embargo, proliferó la costumbre de no rellenar las notas, configurándose así lo que se conoció en esa época como “notación blanca”. Desaparecieron también las notas de mayor valor como la dúplex longa, la longa y la breve. La nota de mayor valor en uso fue la semibreve, que con el tiempo se convirtió en la redonda actual.










Fue hasta el siglo XVII, a inicios del Barroco, cuando se comenzó a indicar la división de las partituras por medio de las barras de compases, dando paso así a una nueva visión de la métrica musical. También se inventó un método de simplificación armónica, el “bajo cifrado”. Con este sistema no era necesario escribir las voces intermedias de una obra, solamente bastaba con la voz aguda y la voz grave. Por medio de un sistema de cifras numéricas añadidas a la voz grave, el instrumentista (normalmente de un instrumento de teclado o un instrumento grave) improvisaba las voces intermedias de la obra.







Durante el siglo XVIII y XIX hubo pocos cambios con respecto a la notación del Barroco musical. Sin embargo, a partir de la segunda mitad del siglo XVIII comenzaron a surgir nuevos elementos escritos que se añadían a la partitura para determinar diferentes tipos de expresión. Esto se debe a que en el Clasicismo y Romanticismo se desarrolló una nueva estética de la sensibilidad musical y fue necesario inventarse nuevos signos y vocabulario específico para indicar esas nuevas sensibilidades: crescendo, diminuendo, forte, mezzoforte, piano, entre otros, para la dinámica; affettuoso, agitato, amabile, apassionato, arioso, brillante, con brio, cantábile, dolce, entre otros muchos, para indicar la expresión o carácter; largo, adagio, andante, allegro, vivace, presto, entre otros, para indicar la velocidad de interpretación.










Como conclusión, podemos decir que el sistema actual de notación musical es el resultado de una larga evolución. Los compositores e intérpretes fueron aportando, poco a poco y según su necesidad, nuevos elementos a un sistema que busca representar con la mayor fidelidad los sonidos que son la “materia prima” de la música.



Referencias: https://www.artsmusica.net/teoria-musical/breve-historia-de-la-notacion-musical/








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